BOJAYÁ CUMPLE 21 AÑOS DE CONDENA Y DOLOR.

Para nadie es un secreto que a los chocoanos nos cambiaron la manera de vivir en paz y armonía, por la condena de la muerte, el olvido, miedo, dolor y las lágrimas. Situación que las evidencian los diferentes hechos victimizantes, en especial, la profanación que vivió el pueblo étnico de Bojayá con el etnocidio provocado en esta iglesia, lo cual produjo la segregación de las comunidades, el debilitamiento de los procesos organizativos y sus prácticas dejando en riesgo la identidad colectiva de estas comunidades, situación que se evidencia como un verdadero hecho notorio de intención de exterminio.

En el territorio de COCOMACIA, especialmente en Bojayá, hace más 40 años se han venido presentando violaciones sistemáticas a los derechos humanos, aquello implica un incesante sufrimiento a los pobladores de las diferentes comunidades indígenas y negra del medio Atrato. Sin embargo, en el 2019  se  logró una de las más esperanzadora realidad de haber elaborado  el duelo de manera colectiva con apego a nuestras tradiciones culturales y ancestrales, condenado  a  exhumar los cuerpos por dudas, vacíos, e inconsistencia, teniendo claro la implicación que se tendría con dicho desentierro, porque nosotros cuando enterramos lo hacemos para siempre  pero “era necesario hacerlo”  teníamos que alivianar la carga pesada, no olvidemos que, los vivos descansa cuando los muertos descansan, teníamos varias personas en condiciones de  desaparecidas como lo tenemos hoy, teníamos cuerpos mezclado como lo tenemos hoy, teníamos personas enterrada en diferentes partes en el cementerio, nunca los dictamen  médico legal arrojaron resultado positivo sobre las mujeres que murieron en estado de en embarazo, llevamos 21 año esperando las excusas públicas del estado.  Hoy tenemos que reconocer con franqueza lo reparador del proceso de exhumación, identificación plena de varios cuerpos, pero con la misma franqueza tenemos que decirles a todos ustedes, que hace falta la identificación de otras víctimas incluyendo la fosa 75, nos hace falta los reconocimientos de nuestros niños o neonatos, seguimos esperando nuestros desaparecido teniendo en cuenta que pueden ser más los sub-registro que los registro.

Es cierto que 21 años después  a Bojayá, se le reconoce por la  masacre del 2 de mayo de 2002, es cierto que aquí murieron 102 personas, es cierto que en Bojayá quedaron más de 159 personas con lesiones físicas y han muerto 19 de ellas  por patologías de cáncer, tampoco es menos cierto, que aquí han sucedido otros hechos dolorosos que enlutan al pueblo bojayaseños pero no son visibilizado, esclarecido y menos juzgado, por lo tanto,  los bojayaseño nos visibilizamos reconociéndonos como personas trabajadoras, honestas, respetuosas y pacíficas de nacimiento con gran carácter de  reconciliación nacional por nuestro compromiso social incansable por la paz como el único camino de esperanza de vida.

Con el pasar del tiempo sigue siendo igual de duro reencontrarnos con esta fecha del 2 de mayo, como nos duele  cumplir hoy 21 años de la masacre donde hay oraciones y no acciones que le cumpla el sueño a las víctimas de  tener un sendero ecológico   de la memoria que conecte a bellavista nuevo con el viejo, contando en su la línea del tiempo los ciclos de violencia, pero sobre todo, que permita afianzar la reconciliación y sostener la memoria viva y transformadora  de la realidad de Bojayá – Choco,   cuanto quisiéramos  haber tenido el poder de congelar el tiempo y no estar aquí  hablando  con el corazón cargado de tristeza y de dolor, sino con  el corazón lleno de alegría viendo los rostros de los 48 niños y niñas que murieron en aquel 2 de mayo de 2002, pues hoy  mucho ya no serían niños, ya  habrían hecho  su bachillerato, culminado una carrera universitaria, otros quizás ya serian padres de familias, pero en todo caso serían los forjadores del presente y futuro, pero sabemos que no es así, solo está el vacío y la condena  del silencio  por su ausencia, como la de los más 54 adultos, hombres y mujeres que fueron arrancados de nuestras manos en un parpadear de ojos.

A pesar de la sistemasidad del conflicto los bojayaseños con su capacidad de resistencia y resiliencia hemos estado en pie de lucha por la reivindicación de los derechos de las víctimas, dignificando la vida de las personas fallecidas, en especial nueve nonatos que le cegaron el derecho de nacer y junto a ellos honramos año tras año haciendo memorias de los 19 lesionados que han fallecidos por patologías asociadas de cáncer, lo que alertamos al país y a la comunidad internacional que una pipeta silenciosa está matando a los lesionado de la masacre de Bojayá.

Por otro lado,  señores del gobierno – o estado colombiano, Bojayá era la despensa agrícola del departamento del chocó por sus 3 fuentes de ingreso, la pesca, la madera y la agricultura, pero todas fueron arrasadas de manera directa por el conflicto, necesitamos con urgencia recuperarlas, solicitamos nuestra reactivación económica que nos permita pasar por el fomento, acopio, transformación y comercialización de nuestros productos para combatir el hambre que vive el pueblo de Bojayá y todo el choco;  necesitamos la interconexión eléctrica que nos permita salir del rezago y exclusión de los municipios del chocó no interconectado,   igualmente, las víctimas se están muriendo esperando  y sin nunca llegar el sueño esperanzador de recibir  la reparación individual y colectiva (celeridad, dignidad, voluntad política para con las victimas), sin embargo, le decimos al estado, a la comunidad internacional, que nos preocupa el eminente camino de riesgo a desaparecer físicamente como pueblos étnicos, de los cuales ya han desaparecido   4  consejos comunitarios de la Cocomacia( como lo es la comunidad de pueblo nuevo, amburibido, santa cruz y carillo); Hay 5 comunidades que le quedan pocas fuerzas de resistencia y han entrado en vía de extinción. (pogue, caimanero, Mesopotamia, la boba y el tigre) por ello, invitamos e imploramos con sentido de desespero a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que interceda para parar el etnocidio silencioso que se está materializando en el área de influencia de la cocomacia, las comunidades indígenas y dicte con el carácter de urgencia medidas cautelares en pro de la protección individual y colectiva de nuestras comunidades sobrevivientes y se reubique o se garantice un retorno en dignidad para estas comunidades.

Con el paso de generación tras generación no podemos desconocer y peor aún borrar con el tiempo las graves violaciones de los derechos humanos y al derecho internacional humanitario al que sigue subyugado el territorio de cocomacia en especial el pueblo de Bojayá. Nuestras vidas fueron transformadas para siempre, nuestras mentes y cuerpos guardan las secuelas y laceraciones del impacto de dicho sufrimiento, sin embargo, nuestras comunidades de las zonas rurales negras e indígenas muestran por si solas en el rostro el abandono, la pobreza, la ausencia integral del estado, pero sobre todo el miedo y silencio que impone el conflicto. (para cuando las excusas públicas del estado con oferta social )

En ese orden de idea, a raíz de la violencia en los territorios étnicos del chocó, muchas familias fueron desplazadas en diferentes modalidades, igualmente, no se les garantizó la debida atención ni tampoco el retorno a sus comunidades de origen, hoy cubren toda la geografía nacional, asentados preferencialmente en Quibdó y Urabá. La gran mayoría de los niños y adolescentes convertido en jóvenes en Quibdó, son nuestros desplazados de los diferentes municipios de la subregión del chocó, son ellos que cargan en su espalda la lápida de la muerte   e inundan a Quibdó con ríos de sangre dias tras dias y noche tras noche.  Por no garantizar las condiciones mínimas de permanencia o garantizar un retorno con dignidad y garantía de seguridad. Preguntamos 21 años después ¿dónde están las verdaderas garantías de no repetición para la población desplazada de Bojayá y el chocó? Pensamos que las muertes del chocó suman, pero al parecer las vidas no valen.

Hacemos un llamado de parar de inmediato la guerra y bajo la gota máxima de sangre ya derramada sirva como semilla germinada para alcanzar la paz total en todo el territorio colombiano.

Por último, nos solidarizamos con todas las víctimas del país, una vez más   rechazamos este vil hecho del  2 de mayo de 2002 y cualquier acto de violencia, igualmente, agradecemos por siempre el acompañamiento  de todas las instituciones o entidades, a los particulares con amor solidario, a los testigos, a nuestros padres de todos los tiempos como es la iglesia católica en especial la diócesis de Quibdó, a nuestro aliado estratégico incondicional ONU DERECHOS HUMANO, a la comunidad internacional, a Codhes, la MAPP/ OEA, a nuestra organización madre COCOMACIA, a los hermanados de las diferentes organizaciones étnico-territoriales del Chocó, igualmente le decimos al mundo no dejen a Bojayá  solo.

Perdimos la gente, perdimos el territorio, perdimos la voz, pero no perdemos la esperanza de ver un nuevo amanecer de paz total para los territorios.

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